Moonshine Wagon en el Kafe Antzokia: Pete Bernhard, Gorka Sarriegi, Zuri Hidalgo y una noche que empezó con Folk y acabó con los Backstreet Boys

Hay salas de conciertos y hay templos. El Kafe Antzokia de Bilbao pertenece a esa segunda categoría — esos lugares donde la música no solo suena sino que ocurre, donde el aire tiene una densidad especial que no existe en ningún otro sitio. Lo sé cada vez que entro con la cámara al hombro y el corazón ya un poco acelerado antes de que empiece nada.

El viernes 20 de marzo llegué pronto, como siempre. Me gusta llegar antes que el público, cuando la sala todavía está vacía y puedes sentir lo que está a punto de pasar. Hay una quietud particular en un escenario sin nadie encima que me fascina fotografiar — ese momento previo en el que todo está listo y nada ha ocurrido aún. La calma antes de la tormenta, literal y metafóricamente.

Esa noche, la tormenta iba a ser memorable con Moonshine Wagon, Pete Bernhard, Gorka Sarriegi y Zuri Hidalgo

Pete Bernhard: la chispa que lo encendió todo

El primero en subir al escenario fue Pete Bernhard, cantante y guitarrista de The Devil Makes 3, y puedo deciros que cuando alguien con ese bagaje sube solo a un escenario y lo llena sin necesitar nada más que su voz y una guitarra, estás ante algo especial.

Fotografiarlo era un ejercicio de economía: Pete no necesita grandes gestos. Su expresividad está en los dedos sobre las cuerdas, en la manera en que inclina la cabeza cuando canta, en esa relación íntima que tiene con el instrumento que parece existir desde siempre. Fui buscando los encuadres tranquilos, los momentos de concentración, las luces cálidas cayendo sobre alguien que está completamente en su elemento.

La sala fue llegando poco a poco y calentándose con él. Para cuando Pete terminó su set, el Antzoki ya tenía temperatura de noche importante.

Pete Bernhard con Moonshine Wagon en Kafe Antzokia

Moonshine Wagon: cuando el quinteto tomó el escenario

Y entonces salieron ellos. Moonshine Wagon. La banda de quienes era la noche.

Pero esta vez con una diferencia que lo cambió absolutamente todo: por primera vez en sala en formato quinteto. Will Mud al banjo. Y si no habéis escuchado nunca un banjo en directo en una sala pequeña tocado por alguien que sabe lo que hace, os falta algo en la vida. Ese sonido tiene una presencia física — ocupa el espacio de una manera que te obliga a reorganizarte por dentro.

Will Mud al banjo con Moonshine Wagon en Kafe Antzokia

“Once a Moonshine, always a Moonshine”, dice Will. Y se nota. Hay una química en el escenario que no se construye de la noche a la mañana, esa manera de mirarse entre músicos que es su propio lenguaje, intraducible para quien está fuera pero perfectamente legible desde detrás de un objetivo si sabes lo que buscas.

Moonshine Wagon con Moonshine Wagon en Kafe Antzokia

Intentaba estar en todas partes a la vez. Escenario, público, luces, los detalles — las manos de Will en el banjo, una cara en el público con los ojos cerrados y la cabeza moviéndose sola, el humo de la sala atrapado en un foco. Esos son los momentos que busco. No los grandes gestos sino los pequeños detalles que cuentan la historia real de lo que está pasando en una sala cuando la música funciona de verdad.

Y esa noche la música funcionaba.

Gorka Sarriegi: Marinelaren Zai en directo, por fin

Hay momentos en que ser fotógrafo y ser público entran en conflicto. Son los momentos más honestos de este trabajo y también los más difíciles de gestionar.

Cuando Gorka Sarriegi de Sorotan Bele subió al escenario, noté que el ambiente de la sala cambió de registro. Hay nombres que en el País Vasco llevan una carga cultural muy específica, una resonancia que va más allá de lo musical, y Gorka es uno de ellos. La gente que estaba esa noche en el Antzoki lo sabía.

Y entonces empezó Marinelaren Zai.

Para quien no lo sepa: Moonshine Wagon grabó su versión de esta canción con Gorka Sarriegi, y desde que el videoclip salió había una expectativa enorme de poder verla en directo. Esa noche ocurrió por primera vez. En el Antzoki, en Bilbao, un viernes de marzo.

Bajé la cámara. Solo un momento, lo prometo. Pero hay fotos que no se hacen con los ojos — o que se hacen mejor si primero te permites sentir lo que está pasando sin el cristal del objetivo de por medio. La sala estaba en silencio de ese tipo de silencio que solo existe cuando cientos de personas están prestando la misma atención al mismo punto. Un silencio activo, tenso, lleno.

Zuri Hidalgo y Txoria Txori: toda una sala cantando junta

Si el momento con Gorka fue de silencio, el momento con Zuri Hidalgo fue exactamente lo contrario.

Muchos la conoceréis por sus once años en Hesian Taldea, o por su nuevo proyecto Kala.naiz. Yo la conocía por su voz, que es de esas voces que no necesitan presentación — entras en una sala y en cuanto empiezas a cantar la gente entiende inmediatamente por qué estás ahí.

Zuri Hidalgo con Moonshine Wagon en Kafe Antzokia

Esa noche interpretó Txoria Txori. Y ocurrió una de esas cosas que de vez en cuando pasan en los conciertos y que hacen que este trabajo merezca absolutamente todo: la sala entera se puso a cantar. No una parte de la sala. Toda. Al unísono, sin que nadie lo dirigiera, sin que nadie lo pidiera.

Desde detrás del objetivo, ese tipo de momento es un regalo y un reto al mismo tiempo. El reto es técnico — poca luz, mucho movimiento, la emoción haciendo que quieras abarcar todo a la vez. El regalo es que cuando lo consigues, cuando encuentras el encuadre en el que están Zuri, la sala y ese momento todos juntos, tienes algo que es casi imposible de fabricar.

Txoria Txori es una de esas canciones que los vascos llevamos en algún lugar muy profundo, muy anterior al pensamiento consciente. Oírla en esa sala, esa noche, con esa voz, fue un recordatorio de que la música hace cosas que no hacen muchas otras cosas en la vida.

El cierre: nadie se lo esperaba

Hay finales de concierto previsibles y hay finales que te descolocan de la mejor manera posible.

Moonshine Wagon cerró la noche con un tema de los Backstreet Boys.

Os doy un momento para procesar eso.

Moonshine Wagon en Kafe Antzokia

El Antzoki de Bilbao, una noche de folk americano y música vasca, Pete Bernhard de The Devil Makes 3, Gorka Sarriegi de Sorotan Bele, Zuri Hidalgo con Txoria Txori — y de remate, los Backstreet Boys.

El caos fue inmediato, glorioso y absolutamente merecido. La sala enloqueció de esa manera particular que solo ocurre cuando algo completamente inesperado resulta ser exactamente lo correcto. Solté la cámara, lo admito sin ningún pudor. Hay momentos en que la única respuesta coherente es simplemente estar dentro de lo que está pasando y dejar de documentarlo.

Las últimas fotos de la noche las hice de memoria, casi sin mirar. Y curiosamente son algunas de las más honestas de toda la sesión.

Lo que queda después

Salí del Antzoki pasada la medianoche con los pies cansados, varios cientos de fotos en la tarjeta y esa sensación particular que solo dan las noches que salen bien — no bien como “sin problemas técnicos” sino bien como “ha pasado algo real aquí y yo he estado dentro”.

Pete Bernhard calentando la sala desde Tennessee hasta Bilbao. Moonshine Wagon sonando como nunca en formato quinteto. Will Mud demostrando que el banjo es un instrumento completamente necesario en cualquier contexto. Gorka Sarriegi y Marinelaren Zai en directo por primera vez. Zuri Hidalgo poniendo a una sala entera a cantar Txoria Txori. Y los Backstreet Boys para cerrar porque, ¿por qué no?

El concierto anual en el Kafe Antzokia es siempre una fecha especial en el calendario. Este año fue algo más. Fue de esas noches que dentro de unos años vas a recordar con precisión — la sala, la luz, la canción exacta en el momento exacto, la sensación de que estabas exactamente donde tenías que estar.

Noches así son las que me recuerdan por qué hago lo que hago.

FOLK YOU. 📷🖤

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