GazteKlasika 2026: Una semana mirando la Música a través del Visor

GazteKlasika ha pasado por Vitoria-Gasteiz y lo he vivido desde el mejor sitio posible: detrás de la cámara.

Hay encargos que se trabajan y hay encargos que se viven, y cubrir como fotógrafo la primera edición de este festival —el que ha traído a la ciudad una música clásica joven, fresca y sin corbata— ha sido de los segundos. Cinco días, del miércoles al domingo, caminando Vitoria de un escenario a otro con la cámara colgada del cuello y la sensación de estar documentando algo que empieza. Porque eso es exactamente lo que es: un comienzo. Un festival hecho por y para gente joven, con entradas a 15 euros (5 para los menores de 30) y la ambición declarada de quedarse para muchas ediciones más.

Lo que más me ha gustado contar con la cámara es un detalle precioso: buena parte de quienes organizaban el festival estaban también sobre el escenario.

La soprano Estíbaliz Arroyo, el clarinetista Pablo López y el violista Adrián Martínez no solo lo hicieron posible desde la sombra; salieron a tocar.

Esta es mi crónica de su semana. La de un fotógrafo que, mientras todos escuchaban, también miraba.

Miércoles 10 — GazteKlasika arranca en el Museo de Bellas Artes

El festival levantó el telón en el Museo de Bellas Artes de Álava, en el palacio Augustin Zulueta, con un programa que dialogaba con las paredes: música vasca, zarzuela e impresionismo entre lienzos de Díaz Olano, Amárica y Arteta. Sonaron el Capricho vasco y la Introducción y tarantella de Sarasate, la romanza de Mirentxu de Guridi, páginas de Sorozábal y Gaztambide, y, ya en territorio Ravel, la Pavane pour une infante défunte y ese prodigio que es Gaspard de la nuit.

Lo defendieron el violinista Javier Comesaña, la soprano Estíbaliz Arroyo y el pianista Uladzislau Khandohi, con la musicóloga Marina Junquera tejiendo el hilo entre cada obra y la pintura colgada alrededor. Para quien va con la cámara, aquello era un regalo: música y pintura compartiendo encuadre. Un primer día de los que obligan a leer bien la luz —salones de techos altos, obra delicada cerca, intérpretes a los que retratar sin robarles el momento— y un reto que quedó claro desde la primera nota: hacerse invisible.

GazteKlasika arranca en el Museo de Bellas Artes
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Jueves 11 — Bach bajo la piedra de Santa María

Si hubo una jornada destinada a acabar en portada, fue esta. El segundo concierto, íntegramente dedicado a Johann Sebastian Bach, se celebró en la Catedral de Santa María, joya del gótico vasco, dentro del eje que el festival bautizó como Arquitectura. Sonaron las suites para violonchelo n.º 3 y n.º 6, la partita para violín n.º 1 y la partita para flauta, esa música de una geometría perfecta que dialoga sola con la verticalidad de las bóvedas.

La firmaron el violonchelista Luka Coetzee, el violinista Javier Comesaña y la flautista Jana Barenschee, y antes de la música el arqueólogo Ismael García explicó cómo era el templo en tiempos de Bach, cruzando sonido, espacio y patrimonio. Para un fotógrafo, la catedral es a la vez sueño y trampa: luz escasa, contrastes brutales, esa penumbra noble que pide ISO alto y pulso firme. Salí de allí con la tarjeta llena y la certeza de que algunas de las mejores imágenes de la semana se habían hecho en esa media luz.

Bach bajo la piedra de Santa María en GazteKlasika
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Viernes 12 — Viento y vino en el Aula San Pablo

El viernes el festival se relajó la corbata del todo. En el Aula San Pablo, el Vayla Quintet desplegó un programa de quinteto de viento que paseó por Nielsen, Ligeti, Ravel y el cubano Paquito D’Rivera, todo ello maridado con una cata de vinos. Música y copa en la misma sala: justo el tipo de propuesta con la que GazteKlasika quiere demostrar que la clásica también es plan de viernes.

Aquí cambió por completo el registro de las fotos. Menos solemnidad, más complicidad. Caras de público disfrutando, las miradas cruzadas entre los músicos del quinteto, el brillo de las copas. Una noche para retratar el ambiente tanto como la música.

Viento y vino en el Aula San Pablo en GazteKlasika
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Sábado 13 — Cartas a la luz de las velas

El fin de semana se trasladó al Conservatorio Jesús Guridi, y el sábado llegó uno de los conciertos más bonitos de cuantos cubrí: el formato Candlelight, “Música y poesía a la luz de las velas”. Un viaje al Romanticismo a través del triángulo Schumann–Brahms: las Tres romanzas de Clara Schumann, la Fantasía op. 17 y el Adagio y Allegro de Robert Schumann, y de Brahms las Cuatro piezas op. 119 y ese íntimo Trío para clarinete op. 114.

Sobre el escenario, el pianista Simon Haje, el violonchelista Luka Coetzee, el violinista Javier Comesaña y el clarinetista Pablo López; entre pieza y pieza, la actriz gasteiztarra Enare Martín daba voz a las cartas y diarios de Clara Schumann, y aquello dejó de ser un concierto para convertirse en otra cosa. Fotografiar a la luz de las velas es jugar en modo difícil: nada de flash, todo a pulso, agarrándote a cada llama como única fuente. Pero ahí estaba la magia —los rostros dibujados por el fuego, la penumbra cálida, la emoción de las palabras leídas en voz alta—. De toda la semana, es la sesión que guardo con más cariño.

Cartas a la luz de las velas en GazteKlasika
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Domingo 14 — La gala final: música y danza para cerrar

Y se cerró por todo lo alto. La gala final, en el Aula Magna del Conservatorio Jesús Guridi, fusionó música y danza en un mismo escenario: de Saint-Saëns a Chopin, Piazzolla, Falla, Albéniz y Ravel, recorriendo la elegancia de la danza clásica, la fuerza del flamenco, la intensidad del tango y la expresividad de la contemporánea.

El cartel fue una fiesta: los pianistas Simon Haje y Uladzislau Khandohi, el violonchelo de Luka Coetzee, los violines de Javier Comesaña y Mireia Coma, la viola de Adrián Martínez, el arpa de Claudia Besné y el Vayla Quintet, con la danza de Marina Bravo, Celia Dávila, Daniel Lozano, Sara López, Pantxika Ansotegui, Ainhoa Zurbano y Laia Molina, y el tango de Borja Alcalde y Christina Gómez. Fotografiar danza es perseguir el instante: ese fotograma en el que el cuerpo dibuja la frase musical en el aire y todo cuadra durante una décima de segundo. Terminé el domingo cansado, con la espalda quejándose y miles de disparos por revisar, pero con la sensación de haber cerrado un círculo. La última foto de la semana fue, también, la del telón bajando sobre la primera edición.

La gala final: música y danza para cerrar en el GazteKlasika
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Enhorabuena, y gracias por la confianza

Más allá de las fotos, lo que me llevo es la sensación de haber asistido a un nacimiento. GazteKlasika ha demostrado que se puede llevar la música clásica a la catedral, al museo, al conservatorio y al aula, y hacerlo joven, cercano y lleno de vida. Detrás de todo ello está un equipo —Pablo López Ortega, Adrián Martínez y Estíbaliz Arroyo— que ha sacado adelante un proyecto enorme con una ilusión todavía mayor, y que además se subió al escenario a defenderlo.

Así que va por ellos: enhorabuena por esta primera edición. Ojalá sea la primera de muchísimas. Y gracias por haber confiado en mí para ponerle imágenes a esta semana. Documentar el arranque de algo que va a crecer es un privilegio que no se olvida.

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